Ring, ring...

NINGÚN VENDEDOR PUEDE ABANDONAR LA TIENDA
SIN LA AUTORIZACIÓN DE UN SUPERIOR

Al ver el cartel,  Markof Chaney recordó los años de escuela “¿Señorita, puedo salir del aula?”. Todos los rituales antaño absurdos cobraban sentido de manera siniestra: “¡Están tratando de reducirnos a todos a unidades predecibles, robots! Ja!”.
Volvió el miércoles siguiente a la tienda donde estaba el cartel y lo sustituyó por el siguiente:

NINGÚN VENDEDOR PUEDE ABANDONAR LA TIENDA
NI IR HASTA LA PUERTA
SIN LA AUTORIZACIÓN DE UN SUPERIOR

Volvió varias veces en la semana y el cartel permanecía en su lugar. Tal como había sospechado: en una jerarquía rígida nadie cuestiona las órdenes que parecen venir de arriba, y aquellos en la cima están tan aislados del trabajo verdadero que nunca ven lo que sucede abajo.
Al mismo tiempo, percibió que los empleados estaban más irritables; los clientes lo notaban y también se ponían de mal humor; las ventas, predijo correctamente, iban a caer. La poesía era la respuesta: la poesía inversa. Su frase interpolada, sin sentido de rima e inservible, molestaba a todo el mundo, pero de manera subliminal y subconsciente. 
Chaney recorrió constantemente el país colocando sus carteles con mejoras surrealistas en cada lugar adonde se presentara la oportunidad.
(
Robert Anton Wilson – Trilogía Illuminatus)

El cartel modificado funciona de la misma manera que la llamada telefónica en Compilance. La película, basada en hechos reales , traslada al ambiente laboral las famosas teorías de Pavlov, Zimbardo y Miligram. En un McDonalds reciben una llamada, supuestamente de la policía, que acusa a una trabajadora de robar a un cliente.  La llamada infecta todo el sistema, como un virus propagado a través del teléfono, y opera sin dificultad utilizando a los empleados, sus miedos, recompensas y obediencia. El comportamiento previsible de los trabajadores-robot es utilizado por la voz del otro lado a su antojo.

Como resultado el ambiente se transforma  en “otra cosa”: un espacio claustrofóbico, ridículo, surrealista, mezquino y criminal… exactamente lo mismo que teníamos antes de recibir la llamada pero , gracias a la reprogramación, los métodos utilizados en la construcción de la jerarquía se vuelven evidentes. Para cortar los hilos que nos manejan, primero debemos verlos.

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